Finalizamos el repertorio de mitos y con conclusiones finales la entrada de Fernando Báez Núñez. Esperamos que la disfrutéis:
Mito número cuatro: Los arqueólogos ocultan restos extraterrestres
La extensión y repercusión de
este mito en los últimas décadas gracias a Internet, ha llegado a un punto de
popularidad que puede causar desde la hilaridad hasta la vergüenza ajena. El
hecho es que para los que aceptan fielmente este mito, todo el trabajo de
investigación científica de la Arqueología es prácticamente superflua… a
menos que les sirva para respaldar vagamente sus afirmaciones.
El mito tiene la base en la
premisa sensacionalista de que hubo contactos extraterrestres en el pasado
remoto de la Humanidad, teniendo su génesis en los libros del escritor Eric Von
Daniken. Y a partir de ahí un auténtico caos en el que prácticamente uno puede
esperarse cualquier cosa, porque en el fondo este tipo de publicaciones no son
más que un negocio. La triste realidad es que estos autores tienen un público
objetivo que demanda sus obras, sin que les importe en absoluto que la
documentación y las evidencias sean inexistentes, que sus argumentos sean
fácilmente rebatidos, y que sus metodologías de investigación vayan desde la
mala praxis, hasta directamente la estafa, por lo tanto todo lo que pueda
aportar algo nuevo será bienvenido. Naturalmente, los círculos académicos están
vedados para estos individuos, y es ahí donde entra el concepto de la
conspiración. Para tratar de dar legitimidad a su trabajo ante su público,
siempre achacan que el rechazo de la comunidad científica se debe a que hay una
conspiración y no a lo controvertido de sus métodos de investigación y sus
conclusiones. Y sorprendentemente los creyentes en este mito se lo creen.
El ejemplo más claro lo
encontramos en la construcción de las pirámides de Gizeh en Egipto. Pese a que
hay un caos de explicaciones a cual más extravagante, todas tienen en común
que los antiguos egipcios no fueron sus constructores por la razón de que
eran una civilización demasiado atrasada tecnológicamente, por lo tanto o bien
no fueron ellos o bien recibieron ayuda. Naturalmente esto se desmonta
estudiando un poco la evolución de la cultura egipcia y el contexto histórico de
las pirámides en particular. Desgraciadamente, en la mayoría de los casos
estudiar no es algo que interese a los seguidores de este mito, a ellos les
basta solo con creer.
Mito número cinco: Todos los
arqueólogos son historiadores
Este mito tiene la base de que
la Arqueología naturalmente sirve para estudiar la historia de la Humanidad.
Pero de nuevo, la realidad es más compleja y mucho más interesante.
Básicamente, el trabajo de un historiador es la investigación mediante la
interpretación de documentos históricos. Por lo tanto un historiador tiene una
base excelente para ser un buen arqueólogo. Pero es necesario aclarar un par de
matices.
El primero es que hay actividad
humana en épocas en las que no hay registros escritos como en la Prehistoria o
la Protohistoria, y solo se puede trabajar con evidencias materiales para su
interpretación e investigación.
Y el segundo, es que la
Arqueología se sirve de técnicas pertenecientes a muchas otras ciencias para el
análisis de dicha actividad antrópica lo que la convierte en una materia
multidisciplinar. Entre otras podemos encontrar la Geoarqueología, el estudio
de la relación entre los cambios geológicos del terreno y la evolución de los
pobladores de dicho lugar; o la Arqueometría, el análisis físico y químico
de restos arqueológicos. Así como muchas otras técnicas del trabajo de campo
que incluyen, la interpretación de estratigrafía, la topografía, la
planimetría, la antropología forense, la arquitectura, el dibujo, etc...
Por lo tanto la Arqueología tiene
su propia metodología de investigación, que se sirve de muchas otras ramas. Así
que pese para que un arqueólogo deba tener unos considerables conocimientos en
Historia, su trasfondo académico puede provenir de muchas otras disciplinas.
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Howard Carter, examinando el recién descubierto sarcófago del faraón Tutankhamón (1922) |
Mito número seis: La
Arqueología no tiene ningún valor material
¿Para qué sirve la Arqueología?
Esta es la base de un mito tan dañino como tristemente real. Preguntar para qué
sirve la Arqueología sería como preguntar para qué sirve la cultura. Depende a
quién se le pregunte, la cultura servirá para una cosa o para otra, y peor aún,
entrará dentro de un orden de prioridades. Así que para gente que tiene una
visión excesivamente pragmática y material de las cosas, la Arqueología
carecerá de valor así como la cultura en general.
La Arqueología en un principio
sirve para investigar, conservar y proteger el patrimonio histórico y cultural
que en teoría pertenecen a la población, aunque muchos ni lo sepan ni les
importe. Por ejemplo con las labores de peritaje para empresas constructoras,
en las que arqueólogos tienen que interpretar yacimientos inesperados que
puedan tener algún valor y afectar a la realización de una obra. O con el
mantenimiento de monumentos históricos que son parte del patrimonio cultural y
un reclamo turístico.
Pero desgraciadamente estos
valores son muy relativos, y más si entran en conflicto con intereses
económicos o políticos. Muchas veces los arqueólogos tienen que lidiar con
problemas derivados de dichos intereses que pueden entorpecer o incluso imposibilitar
el trabajo.
Muchas veces es la propia
opinión pública la que apenas se hace eco de estas intervenciones que
terminan en yacimientos arqueológicos destruidos.
Ejemplos de esta realidad hay
muchos, como el del yacimiento de Cercadillas en Córdoba, donde en 1991 debido
al apresuramiento de la construcción de las obras una nueva estación de
ferrocarril para el A.V. E., se destruyó parcialmente.
Como conclusión, la Arqueología
como herramienta de investigación, y preservación del patrimonio tiene una
función vital para la cultura, pese a la imagen tergiversada en mayor o menor
medida que pueda tener el gran público de esta profesión. Desgraciadamente en
una sociedad en la que la cultura es un bien cada vez más y más escaso, y el
respeto al patrimonio, tanto cultural como natural, es menospreciado, a la labor
del arqueólogo, al trabajo puramente profesional de investigación,
se le añade la de reivindicar la realidad de una profesión apasionante, en
la que como suele pasar, la realidad supera con creces a la ficción.
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